Extremistas por doquier: los dueños de las puertas

William Luna Castro (http://williamluncas.blogspot.es/)

Cotidianidades extremistas de algunas personas.  Yelena Isinbáyeva, la pertiguista xenófoba, yihadismo en ajedrez mundial, la rapera Danay Suárez cambia la historia.

Este mundo loco, que se hace más extremo a veces en tanto parece no serlo. Hablando de la fealdad o la belleza de los hijos, aseguré lo que es algo bien demostrado, que los padres, y sobre todo las madres, en muchas culturas, más en Cuba, son ciegas, al ponderar en sus vástagos, sobre todo cuando son menores, todos los atributos, y si está dentro de los estándares de los cánones culturales de una época, entonces no hay medias tintas en calificarlo de bonita, bella, inteligente, atractiva, graciosa, simpática, talentosa y un sinfín de buenas características más.

Una mujer, bien conocida mía que tiene una niña de 3 años, de la que habla en más del setenta por ciento de su tiempo, dijo que yo exageraba, que eso no era así, y que las madres con los hijos feos no lo admitían por estúpidas o tontas, pero que realmente las madres no eran así y que sólo las que tenían hijas bonitas lo asumían como tal, y siguió devaneando con esa teoría absurda. Está bien probado que las madres no son objetivas ni preclaras con sus chicos y chicas y que en la inmensa mayoría de los casos le suben más de treinta puntos porcentuales a las cualidades que tienen las mismas, siendo un tema del que no se le puede contradecir so pena de un disgusto para toda la vida.

La mujer que, con sempiterno espíritu contradictorio –acusación mediante de que yo no practico la cultura del debate, cuando soy abanderado de ella, lo que no deja de ser escudo de las personas que no tienen más argumento que sus propios pensamientos exclusivos- me aseguró, al yo preguntarle, que sí podía decir que su hija era bonita, porque lo era; a lo que riposté que realmente esa era su percepción, como en todos los casos: lo que importa en lo personal es lo que cada uno percibe arbitrariamente sobre sus hijos, sin que ello tenga que ver con la realidad, lo que importa nada, en realidad, porque a la hora de apostillar criterios favorables sobre los hijos propios, nadie hay más aventajados que sus propios padres.

En su caso es tan obvio, como lo es en los demás, por supuesto, que no merecería una letra más si no fuera porque demuestra hasta qué punto muchas personas asumen posturas desde sus propias percepciones absolutas, y eso es muy peligroso en todos los órdenes. De hecho, los gobiernos despóticos funcionan a partir del mismo paradigma: hacer actuar a los demás sobre la base de sus propias percepciones, a partir de la idea de que son legítimas en su caso y sirven como referentes para todos y, en lo que queden contradichas por los demás, lo mejor es destruirlas con el propio mensaje de quienes no concuerdan con uno. Todo un clásico.

Ser extremista y violento es asumido casi absolutamente como símbolo de los ataques terroristas y las posiciones más chocantes, sin meditar que los extremistas más viciosos y enfermizos para la sociedad toda son los cuidadores de puertas al acecho siempre de elucubrar mandatos sobre los demás a partir de las normas que ella crea necesarias para la conformación de su mundo, sin importar la dimensión de éste, que bien puede ser una puerta real de un hospital, una oficina donde se hacen trámites para la compra venta de una propiedad o un matrimonio con una niña donde todo gira alrededor sólo de esas tres personas y el mundo no va más allá de las fronteras de ellos, sin que importe que los que los ven piensen en otra cosa.

Tres ejemplos de ahora mismo son sintomáticos de esto que les expreso, uno que sucede todos los días en la Rusia de Putin, otro en la Persia republicana e islámica, por supuesto, y la otra en Chile, no por los incendios que no se pueden controlar desde dentro, porque ni los bosques son propiedad pública allá y los privados no pueden con el problema en modo alguna, lo que es un completo contrasentido, sino en el Festival de Viña del Mar de hace unos días.

Comentaba el escritor Silverio que Yelena Gadzhíyevna Isinbáyeva, la bella, fenomenal saltadora con pértiga, tenía una postura conservadora con respecto a los homosexuales, afirmando que Rusia no es para tales personas, con lo que corrobora una posición típica de ese gigante y de muchos, quizás mayoría por los sistemas de pensamientos que les siguen inoculando a millones – no solo allá, sino en cualquier parte del mundo donde haya que proteger intereses de grupos- que viven en el subsuelo moral con respecto a una parte importante del mundo que no colinda ya con esos principios.

En este caso me encuentro en una encrucijada, porque admiro al pueblo ruso y hasta las posturas de Putin frente a otras potencias, como macho alfa enfrentado a doctrinas igualmente prepotentes y viciadas, pero no debo de pensar que Rusia, en ese sentido, está en el mismo momento histórico donde se encontraba Cuba hace muchos años, donde los homosexuales eran tratados como maricones y tortilleras, términos nada finos o diplomáticos, lo que significaba dureza, humillaciones, exclusiones y hasta encarcelamiento por el solo hecho de tener necesidades sexuales distintas a la de los heterosexuales.

Y me siento bien por eso: las nuevas generaciones de cubanos pueden decidir con bastante libertad cómo construir su proyecto sexual y cómo asumir las diferencias desde lo individual o lo social. Es que la libertad, en cualquier sentido, es el bien supremo que debería tener garantizado todo individuo, después de la salud. Por ahora los rusos deberán resolver como les plazca esa situación, que es solo de Rusia hasta tanto ello no se propugne como válido para toda la humanidad. Cierto es que en cada país hay cosas que disgustan, y que más que criticar acerbamente, como hacen los medios de comunicación masiva, incluidos los de internet, aliados siempre de determinados intereses –ese don está siempre detrás de los grandes, medianos o pequeños intereses- debería propugnarse una ley universal que obligue a todos los gobiernos a escuchar la voz y el voto de sus pueblos en todas las decisiones más importantes, pues de hacerlo, cada cual se concentraría en resolver sus propios dilemas, sin inmiscuirse en el de los demás; aunque también debería ser derecho universal que todas las personas del mundo tengan derechos a expresar su opinión con respecto al mundo que les rodea.

De todas formas, pobres rusos enaltecedores de los machos cabríos o las hembras heteras que obligan a los otros pobres, esos que difieren sus vidas escondidos tras sus vestiduras “in” morales, en tanto lloran, penan y claudican, para evitar los peores dolores, que son la cárcel, la humillación o la defenestración por ser como se sea.

Otro punto se lo anotó precisamente una aliada de Rusia, la república islámica de Irán que obligó, como parte de la filosofía yihadista, en el último campeonato del mundo de ajedrez femenino, a que todas las deportistas que querían participar en este evento tenían que usar el velo islámico, propio de la religión y la yihad, lo que no solo es un despropósito de la ideología, sino de la cobardía o los intereses miserables que hay debajo de la mesa en la Federación Internacional de Ajedrez –FIDE-  y una mancha de las propias competidoras que les importó un bledo participar obligatoriamente con un trapo sobre sus cabeza. Compitieron las que al final han vencido siempre en muchos lados: las que no tienen ni un ápice de vergüenza y las que asumen que lo que importa es el cash.

Es triste no solo por eso, sino porque el precedente -¿o antes ya había pasado?, quizás sí, no sé- es una fardo para las personas que en el mundo no asumen esa religión e incluso para las que sí lo hacen, porque no hay peor cosa que obligar a los seres humanos a que hagan lo que les venga en gana a los poderes omnímodos, que hoy mismo están gobernando tranquilamente en muchos países sin problema alguno, y hasta con el reconocimiento de toda la comunidad internacional.

Persia es otro país de maravilla, al que también admiro enormemente no solo por su fabulosa historia, sino por su postura en defensa de su proyecto e identidad, a contrapelo de las potencias oficiosas o de turno; pero no dejo de reconocer que es un barbarismo haber asumido esa postura, porque más allá de obligar a todos a respetar su identidad religiosa-cultural, obliga al mundo a postrarse ante sus estigmas o a prescindir de sus lauros personales. Ningún país debería tener esa potestad, y todos deberían rechazar tan ultimátum.

Por último, y sin dejar de tener para mí la connotación más importante por ser más de persona individual que de Estados, está la noticia referida a que la rapera cubana Danay Suárez, a la que casi nadie conoce en Cuba a pesar de su reconocimiento como artista, se presentó este año en el concurso Viña del Mar donde alteró levemente la canción registrada, para darle mayor connotación psico-religiosa a su mensaje esotérico y divagante, y aunque oportunista, igualmente atractivo; y ganó al final por obra y gracia de la “democracia” del pueblo y los jueces que empujaron con todo para que el arte no se viera sujeto a los desmanes de las reglas y las coerciones.

Uno siente orgullo de un acto de tal naturaleza –la rebeldía ante el statu quo- de una chica así, sin importar en el momento sus requerimientos de por qué actuó como lo hizo y el natural desacuerdo que se pueda profesar, sino validando la legitimidad de su palabra que es, al fin y al cabo, lo que determina la eficacia de cualquier propuesta personal.

Ella conmovió hasta los tuétanos a personajes decisores del certamen, y al parecer caló hondo en un público presto para tales discursos, sin que por ello casi nadie tuviera la oportunidad en Cuba de saciar el hambre de la curiosidad sobre su vida y obra artística de una mujer que ha tenido el mérito de ser coronada con un premio muy importante, como otrora era común en otros eventos en que participaban las (os) cantantes del patio extra fronteras. Quienes dicen qué connotación e influencia debe tener un evento o una noticia, están detrás de la opacidad de este acontecimiento.

Lo cierto es que de extremistas está hecho este mundo, a imagen y semejanza de este mundo a veces estúpido, a veces trascendental. De la manera en que enfrentemos estos desatinos, muchas veces desapercibidos por las grandes mayorías, dependerán los modos en que se desarrollarán nuestras sociedades y los individuos dentro de ellas. Pero por ese camino, donde se camufla la verdad con la mentira, la utilidad con el decoro y lo bello con lo espantoso, está allí, presto para todos y casi el único, muchas veces, por donde se puede transitar libremente.

Williamluncast/William Luncast/William Luna Castro/Guillermo Luna Castro/Paripé/Unión de historiadores de Cuba –Unhic-/Universidad José Martí de Sancti Spíritus –Uniss-

Martes 7 de marzo de 2017, 10:19 pm.

 

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