El gato dio la orden, Terán disparó: ¿quién es más asesino?

Por William Luna Castro

Un estudiante me preguntó por qué yo identificaba como asesino de Che a Félix Rodríguez, el Gato que maúlla lastimeramente, aunque para muchas personas es todo un héroe, cuando afirmé, refiriéndome a las circunstancias que rodearon la violenta muerte del guerrillero, que “se siguen manipulando de tal forma, que si los seguidores de Che no nos sublevamos contra esas tergiversaciones y oportunismos, como los de Félix Rodríguez, su asesino de la CIA”, cuando es bien sabido que quien le disparó literalmente fue Mario Terán.

Fui tajante, aunque amable, porque tratándose de alguien que no sabe nada de la historia de Che, ni de semántica o etimología de la palabra “asesino”, o que no tiene idea de la diferencia de un discurso políticamente motivador, con respecto a una clase aburrida de historia; no podía menos que aclararle: no hubo absolutamente ningún error en esa afirmación, pues los asesinos de Che son varios y si quería referirme a la manipulación de los hechos relativos a la muerte del guerrillero, no había mejor ejemplo que el de Félix.

Después le argumenté al estudiante esta afirmación: para mí está claro que los verdaderos asesinos de Che son, por este orden, Félix, la CIA y el propio gobierno norteamericano, no porque lo dicten mis emociones, sino porque no hay otra respuesta. Terán fue efectivamente quien disparó, quien puso el arma frente al cuerpo del Che, el que se apendejó todo frente a ese que le parecía agigantarse y que le iba a arrebatar el fusil de un momento a otro, -tal era su miedo, a pesar del alcohol y la agitación anterior-, pero para mí sigue siendo un pobre diablo, un don nadie que prestó su cuerpo para ejecutar a un combatiente, como han hecho miles en todas las épocas, en los pelotones de fusilamientos. Culpable es, sin dudas, asesino es sin que pueda cuestionarse, pero ni fue el mayor asesino ni el mayor culpable. Eso para mí está claro, siempre lo ha estado.

Sin embargo, le dije, para otras personas no. Hay quienes normalmente fruncen el ceño cuando hablan de esto y en este caso afirman y reafirman que el asesino o asesina es la persona que mata a otra con alguna arma, nunca aquellas personas que están detrás directamente de éstas, a través de órdenes, condicionamientos, control mental, sumisión u otras técnicas. Es decir, para estos señores Terán fue el asesino de Che, nunca Félix Rodríguez.

De acuerdo a esta línea de pensamiento, que respeto, porque cada cual tiene el derecho a pensar de la forma que considere mejor, Ervil Morrell LeBaron, por ejemplo, no fue un asesino, a pesar de ordenar múltiples crímenes de sus adversarios desde la posición de dirigente de una secta fundamentalista mormona, los que justificaba con el “principio religioso” de la expiación con sangre. Claro que fue declarado públicamente, por los que piensan como yo, como un asesino.

Charles Milles Manson no mató él mismo a casi ninguna de sus víctimas, pero ha sido declarado siempre como uno de los más importantes asesinos seriales de los Estados Unidos, porque inducía a los victimarios a cometer actos atroces, con el poder mental; como el mismo Joseph di Mambro, quien ordenó, indujo y controló diferentes asesinatos o suicidios en masa, según el caso; aunque ellos no son asesinos según la mirada limitada de algunas personas.

Tampoco tendría que ser un asesino Pablo Escobar, quien fue perseguido hasta por los servicios de inteligencia norteamericanos no por sus crímenes personales, sino por los que mandó a ejecutar, que fueron los que conmovieron a Colombia,  o lo de los líderes de los Mara Salvatrucha, o de los distintos grupos o cárteles de violentísima mafia mexicana como el Chapo Guzmán u otros peores,  o de cualquier país, que inundan de asesinatos a diario a cientos de lugares en América Latina, por ejemplo, y tampoco esas personas que siguen ese pensamiento identificarían a Osama Bin Laden como un asesino, porque no estaba en los aviones que se tiraron contra las torres gemelas.

Orlando Boch y Luis Posada Carriles, el mismo que dijo “lo hicimos y qué”, no es un asesino de acuerdo a los contrarios –aquí coinciden los de allá con los puros de acá-, sino más bien un muchacho travieso que mandaba de vez en cuando a volar en pleno vuelo a un avión civil, cargado con gente inocente, para que se jodieran los comunistas. ¡Pero asesino no era, porque no puso la bomba! Le zumba el mango.

No recuerdo que Fulgencio Batista haya matado directamente a nadie, es un dato a corroborar, pero lo que sí sé con certeza es que, de haberlo hecho de manera personal, fueron casos contados con las manos, y el nombre escrito públicamente o en la mente de muchísimos cubanos era el de asesino. No sé cómo explicarían esta contradicción los que subliman las exactitudes.

Lo que no saben algunas personas –le aclaraba al estudiante- es que el término “asesino” proviene, según fuentes muy autorizadas, de la palabra Hashsha-shin, que, al mismo tiempo, se derivó de Hassan-i Sabbah, cuyo legado fueron los crímenes políticos, pues era un especialista en mandar a ejecutar a los enemigos de su proyecto de dominación, y sin que sepa yo si mató él mismo alguna vez, su mayor obra fue mandar, como dirigente de la secta Hashsha-shin (asesinos), a ejecutar a los demás desde el Alamut. El hombre murió de causas naturales y aun cuando fue el causante de muchas muertes, que no ejecutó directamente, dio nombre al concepto “asesino”, que hoy algunos intentan cambiarlo, o limitarlo solo a quien ejecuta un asesinato.

Isis es un ejemplo contundente de esta filosofía, aunque expandida, porque no solo mata individuos, sino a muchas personas en masa y lo hace desde un centro de poder psicológico y emocional, seduciendo, convocando, entrenando, manipulando y dando órdenes a través de diferentes mandos a combatientes en muchas partes del mundo, que matan de diferentes formas. Sus dirigentes no son los que más ejecuciones reales y directas tienen, pero sí cargan con la responsabilidad de haber ordenado miles de monstruosos asesinatos. ¿No son asesinos ellos? Los Hashsha-shin dirían que son precisamente sus alumnos más aventajados.

Volviendo a Mario Terán: él es la pieza del rompecabezas menos importante: fue un ejecutor, el que entró al local donde estaba Che, con su fusil-ametralladora, se impresionó, a pesar del alcohol consumido y de una rabia inexplicable que le había provocado Che, aunque quizás no eran tan inexplicable, porque el guerrillero los tenía en zozobra, alterados y movilizados por parajes inhóspitos durante mucho tiempo ya, así que, cuando lo capturaron, de inmediato quería disparar para que se acabara, quizás, su propio pequeño infierno.

El tipo se paró delante y le tembló toda su hombría cuando el Che se levantó un poco y lo miró a los ojos y le dijo aquello que solo los que guapos de verdad pueden decir, que se tranquilizara, que iba a matar un hombre –mierda, pensó Terán, un tipo amarrado, herido, que sabe que lo van a matar lo que debe hacer es orar y rogar por su vida, no decirle a su matador que esté tranquilo- así que se echó para atrás, cerró los ojos y disparó una primera ráfaga y después otra más, para cumplir la misión que le habían dado unos minutos antes ¿Quién? Félix Rodríguez.

Un rato después el gato festejaba y abría unas botellas de whisky norteamericano legítimo, porque habían matado a uno de los principales estorbos para Estados Unidos y la CIA en particular, pero más que todo, porque se sentía satisfecho de haber cumplido cabalmente su deber: dar la orden de matar, por lo que siempre se ha sentido orgulloso y con muchos amigos, y ahora solo categorizado como “solo quien dio la orden” y no uno de los asesinos del Che, -que fue solo Terán, ¿no muchachos?, quien apretó el gatillo. No sé si llorar o reir por esto.

Pero no solo yo piensa así: los autores del libro “¿Quién mató al Che?”, Michael Steven Smith y Michael Ratner, entre otros muchos historiadores, filósofos, políticos, etc., ratifican que quien dio la orden directa para asesinar a Che vino de la presidencia norteamericana, de allí a la CIA y por este medio hasta Félix Rodríguez, lo que ratificó rotundamente el primero en Página 12 diciendo “llegó otra vez una enorme caja con más documentos de la CIA, de la Casa Blanca y el Departamento de Defensa. Pudimos comprobar que el Che fue asesinado por la CIA con la colaboración de su Estado cliente de Bolivia, la dictadura militar de René Barrientos”. Más claro no pudo ser.

Sigue diciendo este norteamericano amante de la verdad histórica en diálogo para chuparse los dedos que “la CIA lo estaba buscando hasta que en mayo del ’67, cuando supieron dónde estaba, un agente de la CIA, Gustavo Villoldo, voló a La Paz, donde se encontró con Barrientos y le dijo: Cuando atrapes al Che, queremos que lo maten. Barrientos le dio su palabra: Cuando lo capturemos, vamos a ejecutarlo. En el contexto histórico de fines de la década del ’60, el asesinato del Che era el gran negocio de la CIA”, aseguró.

Pero hay una acotación que no paso por alto: se asegura además que el propio Félix le dice a Terán, después que el hombre no reacciona, “tira”, “tira”, gritándole y agitándolo de afuera de la aulita y que incluso le disparó posteriormente, ya muerto Che, junto a otros oficiales bolivianos para jactarse de ello. No puedo dar fe ni corroborar esta parte de la historia, pero lo haré, aunque lo importante es que es tan asesino como aquel.

He dejado para el final una acotación, esperando que ya para este instante la mayoría esté convencida de nuestra posición, o sea, de que Félix es tan asesino del Che como Terán, o más, como lo fue la CIA misma.

A Fidel lo intentaron asesinar muchas veces, dicen algunas fuentes que más de seiscientas, y la inmensa mayoría de esos casos fue ordenado por la CIA. Ya no es posible, pero en el hipotético caso de que en cincuenta años una sola vez de esas tentativas hubiera tenido éxito: ¿usted identificaría como asesino únicamente al ejecutor y exoneraría a la CIA como el verdadero asesino?

A colación de esto:  cuando a Félix Rodríguez se le entrevistó en el Congreso norteamericano cuando se investigaba sobre los asesinatos a personalidades extranjeras por cuenta de Estados Unidos, se le hizo esta pregunta: “¿Es verdad que intentó asesinar a Fidel Castro con un cigarrillo explosivo?”. Y el Gato, respondió: “No, intenté matar a ese hijo de puta con un rifle de alto calibre”. Tal vez, de haber logrado su objetivo, los que afirman hoy que no fue asesino de Che, habrían tenido que bajar la cabeza para decir que es el asesino de Fidel y que mi teoría sí se cumplió en ese caso, con Fidel, no con Che.

Por cierto, Fidel dijo que fue la CIA y el gobierno estadounidense quienes habían asesinado a Che. Queda pendiente, por mi parte, esclarecerles por qué digo que Félix manipula la realidad de lo que pasó. Es que él es el tipo, no Terán.

Williamluncast/William Luncast/William Luna Castro/Guillermo Luna Castro/Paripé/Unión de historiadores de Cuba –Unhic-/Universidad José Martí de Sancti Spíritus –Uniss-

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