El gato no nació en Sancti Spíritus

Por William Luna Castro

El martes 14 de noviembre de 2017 hablamos sobre el asesinato del Che en el Festival universitario del libro y la lectura (FULL), de la Universidad José Martí y, aunque la conferencia fue exitosa, posteriormente no pudo debatirse lo suficiente, por lo que ya fuera del recinto e individualmente me hicieron algunas preguntas sobre la real existencia de la maldición que rodea el asesinato del Che, la implicación de la CIA en este hecho y sobre la afirmación de alguien que, con carácter “sabio” y pueril, aseguró que Félix Rodríguez había nacido en Sancti Spíritus, con lo cual no solo propaló una mentira tremenda, sino que laceró una estrategia de conversación previamente armonizada.

De esos tres aspectos escribo ahora

La maldición del Che

Alguien me comentó sobre la veracidad de esa maldición, -muchas de las personas asociadas al asesinato del Che tuvieron una muerte violenta o fueron víctimas de atentados o accidentes- recordándome que, por ejemplo, la causa de la muerte del presidente Barrientos seguía siendo un accidente y no un atentado, por lo que no calificaría dentro de esa supuesta “maldición”, a lo que contesté que sí, que en cuanto al motivo le asistía toda la razón, pero que en una actividad de esa naturaleza, donde el carácter coloquial para ganar la atención de los estudiantes, era oportuno curiosear un poco y no ser tan cientificista, lo que probablemente le hubiera restado vigor a la exposición.

Por otro lado, debo acotar, utilicé el concepto correctísimo de “maldición”, para referirme al mito popular construido tras la muerte de un hombre que se mantenía con los ojos abiertos cuando lo expusieron al populacho en Vallegrande, tal cual Cristo redentor y que después de desaparecerlo se convirtió en San Guevara para mucha gente; y en todo esto nada pueden hacer las ciencias exactas, ni las histórica, ni ninguna otra.

Las maldiciones forman parte de la leyenda de los pueblos, de sus supersticiones y advocaciones e importa bien poco o nada para determinar las razones profundas por las cuales ocurren las cosas, aun cuando las mismas hayan sido avaladas científicamente en otra dirección –siguiendo el ejemplo del accidente- si se mira desde el ángulo del mito o de la persona que ha sido maldita, en realidad la única causa de lo ocurrido es ese clamor expresado por alguien, tal como miles de casos se han impuesto en la historia de la humanidad hasta la actualidad, ya sea por las tablillas de la maldición, o los clamores de Edipo, Jacques Molay, los gitanos o los de Awole.

Por cierto, como mismo existe el mito de la maldición echada a andar por mucha gente que adoran al Che sobre todos aquellos que tuvieron que ver con su muerte, existe también la adoración santificada, por ejemplo, en la Higuera o en Vallegrande, como en otros tantos lugares, donde sus pobladores lo han santificado –San Che, o San Guevara- y le piden a su alma por la salud de los suyos, o por medicinas, tal y como históricamente se ha hecho con todos los santos oficiales de la iglesia católica. Es que así se construyen los mitos, sin que la ciencia o las exactitudes tengan algo que aportar.

La CIA es responsable:

Alguien por excepción no entendió el punto exacto que se exponía y siempre es responsabilidad del que diserta aclarar a todos, sin exclusión, sobre lo que no entendió, así que lo dilucido una vez más y de manera definitiva: la esencia de lo que defendíamos era que al Che lo había mandado matar el gobierno norteamericano y la CÍA, tal y como lo habíamos expuesto en el artículo “El gato dio la orden, Terán disparó: ¿quién es más asesino?”, que ya previamente publicamos.

Eso quiere decir que lo obvio para uno, no siempre lo es para otro, por lo que aclarar nunca está de más: las pruebas circunstanciales, la lógica histórica y el sentido común acusan a la CÍA como autor intelectual –la agencia como tal- y real –en la figura de Félix Rodríguez y de Villoldo-; junto al gobierno y militares bolivianos y su ejecutor físico. Otra idea en contrario hay que demostrarla con documentos, aunque a decir verdad todos deberíamos tener a mano las pruebas definitivas de cada afirmación, pero siempre me he quedado con la culpa de la CIA.

Félix Rodríguez no nació en Sancti Spíritus:

Lo dijo el propio agente de la CIA Félix Ismael Rodríguez Mendigutía en una entrevista intimista ante un amigo en una radioemisora de Miami en 2005, aunque lo ha dicho en otras ocasiones, donde no tenía absolutamente ninguna razón para mentir sobre el lugar donde nació o vivió, porque eso no cambiaba en nada todo lo que expuso o hizo después.

El asesino nació en mayo de 1941 en La Habana, y de eso no hay la más mínima duda, lo que aseguró él mismo, por demás, en aquella ocasión cuando dijo “yo salgo originalmente de un pueblo que se llama Sancti Spíritus, fue donde me crié y que lo considero mi pueblo natal prácticamente. Mis padres son de ahí. Ahí viví los primeros años de mi vida”.

¿Por qué la confusión de algunas personas que se empeñan en decir lo que no es? Muy sencillo: un pariente de él, que como otros tantos de los suyos emigró a los Estados Unidos inmediatamente después del triunfo revolucionario de 1959, al hacer una relatoría -en medios de prensa y blogs que se hicieron eco de muchos personeros y personalidades famosas –todos emigrados, por supuesto- nacidos en Sancti Spíritus, incluyó como uno de sus hijos más ilustres nada más y nada menos que a Félix Rodríguez y eso se quedó así.

Algunas personas conocen dónde vivió de niño este personaje, -de ahí infieren erróneamente que nació allí- que solo estuvo en la tierra del Yayabo unos 8 años, pues se lo llevaron con diez para la capital a estudiar en la Havana Military Academy y, posteriormente en el 54, mandarlo a estudiar a Pensilvania, donde cursó la secundaria básica en la escuela Perkiory School hasta graduarse en 1960; con lo que se puede llegar a una clara conclusión: no es espirituano por nacimiento, ni tampoco es hijo ilustre y ni tan siquiera sin lustre de esta tierra que ha parido tanta gente grande.

A Cuba, de paso, no le debe mucho tampoco, porque en La Habana nació y allí estuvo solo dos años después cerrado en una escuela de adoctrinamiento militar, de Sancti Spíritus solo tendría unos cinco años de memoria fértil y el resto, donde se formó humana, emocional e ideológicamente es en Estados Unidos, donde cursó su fragua adolescente y juvenil.

No por gusto Félix formó parte de la Legión Anticomunista del Caribe, que el dictador Trujillo había creado para invadir a Cuba –acción y reacción hubo entre los dos países en ese período- en el primer semestre de 1959 en República Dominicana, a donde el muchachito, obligando a sus padres a autorizarlo a viajar, había ido para comenzar su larga carrera a favor de los intereses de clase de donde provenía, la burguesía y la reacción y el ejemplo que él pone siempre para explicar por qué instintivamente se enfrentó a la revolución es el peor, porque en el proceso de fusilamiento del 59 pudo haber apasionamientos desbordantes que condujeran a errores, pero nunca fue ese el caso de Sosa Blanco, un asesino con una larga hoja de servicios bien demostrados, como para no inspirar a ningún jovencito en su cruzada, salvo a uno como el gato que nunca hizo sus primeros maullidos en Sancti Spíritus.

Williamluncast/William Luncast/William Luna Castro/Guillermo Luna Castro/Paripé/Unión de historiadores de Cuba –Unhic-/Universidad José Martí de Sancti Spíritus –Uniss-

3 comentarios en “El gato no nació en Sancti Spíritus”

  1. Muy esclarecedor y demostrativo. No caben dudas las pruebas son contundentes. Por suerte para los espirituanos este gato no nación en Sancti Spíritus

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  2. Exacto Wílliams.
    La verdad existe para decirla y no para encubrir los hechos.
    Sean las razones que sean, no es espirituano, ni creo deba algo a esta hermosa tierra, por demás heroica y viril, que se estremece cuando piensa que en su patio vivió este engendro humano que debe mucho más a los yanquis que a los espirituanos que nada influyeron en su frmación.

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