No dejen morir al Apóstol de Cuba

Por: William Luncast

El cumpleaños del Apóstol de Cuba es motivo especial para que estén muy felices quienes, en cualquier rincón del mundo, hacen pervivir su pensamiento genial, para entender lo que está pasando a su alrededor y también para que los ayude a modelar el porvenir.

Temblar de orgullo y festejar el nacimiento del hombre más grande que ha dado esta tierra, paridora por demás de mil gigantes, no es suficiente para quienes en este país consideran a José Martí como paradigma, si no son capaces de despertar de la abulia y la hipócrita asunción del Maestro a quienes duermen sobre él.

José Martí debe estar presente siempre en el cuerpo y espíritu de la nación cubana, sin dueño que lo maltrate, sin estrecheces que lo limiten, sin deslealtades impostadas que lo cercenen y sin la rémora cansina de la demagogia que convierte su ideario en pretexto trivial.

Hoy es un día de memoria, no de olvido; de aperturas, no de claudicaciones; de pueblos que se yerguen, no de tramposos que se escudan en Martí para aderezar sus pretensiones; de jolgorio de todas las personas comunes y no de banderas tristes; de levantisca memoria y no de escondrijos tras la fachada del héroe.

Martí, tristemente olvidado por muchísimas personas en Cuba, debería ser recordado todos los días, porque nunca se cansó ni desvió su ruta, cuando otros lo hacían apesadumbrados y nunca dejó de obrar para construir un mejor presente, cuando otros se rindieron o se corrompieron de disímiles maneras.

Hoy no se debe invocar a Martí por conveniencia formal, sino porque el único Apóstol de Cuba nos puede enseñar en la práctica mil cosas que no se saben o no se entienden y mostrar diversas opciones que demasiadas personas ni se dan cuenta que existen.

 

El pueblo de Cuba no necesita al Martí que desfiguran con discursos apologéticos y menos al que corroen con la fraseología oportunista, sino al que se parezca a él y que puede contribuir a que todas las personas sean mejores, más libres, más equilibradas, más democráticas y más felices; en tanto sigue contribuyendo a alcanzar una patria nueva para el bien de todos los que saben amarla.

Vigente está su obra más que nunca, aunque la mayoría desconozca las verdaderas razones de ello y muchas personas obren, desde distintas posiciones de poder educativo, profesional y cultural, para convertirlo en simple efigie decorativa.

Las personas que lo siguen, victoriosas todavía porque son mil veces más fuertes en convicción que las que lo detractan, claman porque este día no sea plañidero ni sombrío, sino fiesta para honrar al que debe seguir siendo, por derecho propio, adalid de la república soñada que ahora mismo debiera estarse reconstruyendo a sí misma.

William Luna Castro, profesor de Ética e ideario martianos e Historia en la Universidad José Martí de Sancti Spíritus y presidente de la Unhic en esta institución.

Jueves, 18 de enero de 2017

Williamluncast/William Luncast/William Luna Castro/Guillermo Luna Castro/Paripé/Unión de historiadores de Cuba –Unhic-/Universidad José Martí de Sancti Spíritus –Uniss-

 

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