Ahed Tamimi: la niña maravilla

Por William Luncast

Cuando la vi de niña parecía imponente, incluso más que de adolescente; porque nadie puede imaginar que en un rostro tan infantil se viera reflejado tanto odio y tanto valor al mismo tiempo.

Se han hecho emblemáticas sus cachetadas o puñetazos a los soldados, nerviosamente imperturbables frente a la fiera chiquilla que los ha desafiado cara a cara, sin el más mínimo miedo a las consecuencias; ellos protegidos por sus poderosas armas y su gobierno en caso de que usaran las mismas y ella solo por su cólera y sus puños cerrados.

Después la apresaron, que es lo que hacen los gobiernos y poderes viles para acallar a las personas a quienes consideran peligrosas para el sistema, pues la prisión muchas veces es el lugar donde depositan a las personas para carcomerles el alma e inutilizarlas como pensadoras y creadoras de nuevas formas de construir la vida de los pueblos.

La primera vez que la sacaron a declarar ante un juez –en muchas sociedades los jueces dependen y responden al sistema, más que a la justicia- su sonrisa dulce y tranquilizadora impresionó tanto como cuando agitaba a los soldados y les gritaba todo tipo de improperios.

Se veía tan bella ella, con ese pelo rubio ensortijado, rostro ligeramente ovalado y ojos claros que hacían la mirada más inquietante, porque no parecía que estaba fuertemente asegurada por las gorilas del sistema –que siempre son iguales, aunque cambien en cualquier parte de parecer-, sino en una alegre fiesta de fin de curso.

Su valentía tan proverbial y ella tan ovárica, que no permitió que los que la aprisionaban y la sociedad toda que aúpa a esas malditas personas, la vieran humillada y vencida, sino fuerte y decidida, viva y esperanzada, retadora y redentora de sus propias acciones.

Hacen falta muchas niñas y jóvenes en el mundo como ella, para que las personas que someten a las demás con sus ideas, prejuicios, modelos y sistemas no puedan dormir tranquilos tras las bambalinas de su poder, que los hace invulnerables ante los pueblos débiles al otro lado.

Si hubiera diez como ella en cada lugar, solo diez, las injusticias, las humillaciones y el sometimiento de unas personas por otras, que se expresa en todas parte de mil maneras posibles, no sería tal y la lucha por los derechos cobraría un nuevo sentido humano.

Dan lástima tantas personas jóvenes esclavizadas por los poderes de cada lugar, hasta tal punto que solo sirven para asentir, exculpar, aprobar y seguir a quienes mandan, imponen y someten a todas ellas a sus propios mandamientos; dejándoles solo libertad para que decidan por dos o tres incentivos para que se entretengan un rato.

Esta chica es extraordinaria porque en un mundo donde el miedo lo imponen pequeños grupos de personas a las mayorías en cada lugar, ya sea por la fuerza de las armas o las ideologías, ella a lo único que teme es a vivir de rodillas, quejándose y lloriqueando, y para no ser, se revela, se enfrenta y lucha abiertamente por sus derechos.

Conozco a algunas otras personas jóvenes que no tienen miedo, o que a pesar de él no permiten que la sociedad, el sistema o las personas les amordacen su pensamiento individual, su libertad de decisión o elección y su capacidad para expresarse en cualquier escenario; pero son demasiado pocas en medio de las masas adormecidas.

Wonder Woman, protagonizada por la actriz israelí Gal Gadot, es una película entumecida en su discurso transformador y como cualquier súper heroína de mentirita, sirve solo a esas masas amodorradas como vía de escape a sus propias incapacidades frente al sistema.

“La verdadera Wonder Woman”[1] es Ahed Tamimi según Jim Fitzpatrick, quien cincuenta años después de impulsar la notoriedad en Europa y el mundo de la famosa foto de Che creada por Korda, con aquella versión a dos colores que se reprodujo por millones; vuelve a la carga para crear una ilustración de la famosa jovencita palestina, convertida ya en antítesis real de la maravilla pastiche de la Gadot.

No sé, por lo veleidoso de los caminos de la comunicación y el pensamiento; si esa obra alcanzará el nivel de compromiso de aquella, que todavía sigue; pero de lo que no tengo dudas es de que todas las personas con algún decoro en sus conciencias, deberían sentirse estrujadas y actuar en consecuencia, como el artista irlandés, ante lo hecho por esta muchacha jovencísima, que no ha temido enfrentarse a uno de los poderes fácticos de nuestro tiempo, sin importarle el peligro.

Ahed Tamimi es una heroína de ahora mismo, de esas que tanto hacen falta a los pueblos dormidos del mundo y cuya vida no debería perderse para siempre tras los barrotes de las cárceles creadas por quienes tienen todo el poder necesario para amordazar a los espíritus irredentos.

William Luncast, 18-3-2018 6:02 pm

Williamluncast/William Luncast/William Luna Castro/Guillermo Luna Castro/Paripé/Unión de historiadores de Cuba –Unhic-/Universidad José Martí de Sancti Spíritus –Uniss-

 

 

 

[1] https://www.instagram.com/p/BfNcF_rA5g6/

 

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