No hay permiso

Anécdota seleccionada por William Luncast (Transcripción literal)

Sello de 1960

Un hacendado de Sancti-Spíritus, el señor P. encontró cerca de aquella ciudad considerables fuerzas insurrectas, en ocasión en que conducían ganado, con objeto de embarcarlo.

Los insurrectos, que pertenecían á la partida de Serafín Sánchez, dispersaron el ganado, diciendo que obedecían órdenes superiores, y que no consentirían que volviera á reunirse.

El señor P. solicitó entonces ver al titulado general Sánchez, y, tras de muchas vueltas y revueltas, recorriendo un largo trayecto, se encontró, por fin, frente al jefe rebelde, que de ningún modo quiso revocar su orden.

—Está bien, dijo el señor P.; no me queda más que marcharme.

—Eso es, respondió el general Sánchez; pero vea al jefe de día y que le dé la contraseña, porque si no va á pasar un susto en las avanzadas.

El señor P. siguió esta indicación, y conocida la contraseña, que era Luz de Yara, atravesó todo el campo ocupado por los rebeldes, en una extensión considerable. En el camino encontró la vivienda de un amigo suyo, por el cual fué invitado á almorzar, y permaneció allí poco más de dos horas.

Andando andando, fue sorprendido por un «alto» de un vigilante.

—¿Qué hay?

—La contraseña, ó no se sale,

—Luz de Yara

—Esa no es, dijo el centinela, y el señor P. fue conducido otra vez á presencia del general Sánchez, á quien refirió lo que le acababa de suceder.

—Le está bien empleado por remolón, debió decir al cabecilla. Vea al jefe de día y que le dé la nueva contraseña.

El jefe de día estaba sentado sobre un serón, almorzando.

—Dice el general Serafín que me dé la contraseña nueva.

—No hay permiso—respondió malhumorado el jefe. Y continuó engullando.

El señor P., más muerto que vivo, no se atrevió á insistir y se hizo á un lado, dispuesto á esperar hasta que resolvieran lo que había de ser de él.

Acabó su almuerzo el jefe de día, y viendo al hacendado de Santi Spíritus, no pudo contener un movimiento de sorpresa, al cual siguieron estas palabras:

—¿Qué hubo paisano? ¿Por qué no se ha marchao?

—Porque usted me dijo que no había permiso.

—Pues está claro, hombre. Como que la nueva contraseña es esa; «No hay permiso».

Refiérese esa anécdota en una carta dirigida á nuestro colega La Correspondencia Militar, de donde la reproducimos, para que se vea cómo juegan á los soldados aquellos guackindangos, que si alguna vez alcanzasen el triunfo, no tendrían á quien mandar, porque serían todos generales, ministros, embajadores, etc.

Williamluncast/William Luncast/William Luna Castro/Guillermo Luna Castro/Paripé/Unión de historiadores de Cuba –Unhic-/Universidad José Martí de Sancti Spíritus –Uniss-

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