El poder mata

Las sociedades están creando aceleradamente la base para que los estúpidos florezcan a toda prisa y la internet también es, junto a todas las maravillas inimaginables, fuente segura de todos los ejemplos que puedan compilarse de cuántos seres humanos en el mundo, sin distingo de cultura o nivel de desarrollo, hacen cada vez más estupideces, sin importarle que ese es su principal modo de enfrentarse a la realidad cruda o benévola que los rodea.

Allí están los que no tienen más compromiso que con la dejadez o las cosas más insípidas de la vida y no me refiero a los que se gastan sus días en las bromas, los juegos, el chat o las redes sociales, o en la vagancia más extrema; cosa que no me importa ni critico, sino a aquellos que “agobiados” por todas esas cosas, no tienen ni la más mínima idea de lo que pasa no ya en el mundo, sino a su alrededor.

Ese es el verdadero caldo de cultivo de la miseria humana: la inercia y el inmovilismo de los que, pudiendo, se encierran cada vez más en sus círculos más viciosos de amigos y familiares, para vivir su existencia insípida y enaltecer la modorra donde solo importa lo que tienen, lo que ganan y cuánto son admirados por las demás personas idiotas sociales.

No es que me lo esté tomando tan en serio, sino que veo cómo se consumen los pueblos entre los idiotas modernos y miserables, por un lado, que ahorita mismo son mayoría si no se les pone freno de algún modo y los que por otro lado, sin dejar de disfrutar se la vida del modo que puedan en cada contexto, mantienen una mirada crítica frente a lo que pasa en este mundo cada vez más caótico y tratan de comprender el modo en que no les ganen la partida los primeros.

De esos, que son jóvenes y aman, y gustan de las cosas más triviales también, pero que les molesta el orden que los poderosos de todas las clases e ideologías se han inventado históricamente para mantener su égida en todos los entornos económicos y sociales, cuando no ideológicos, quisiera referirme.

Camilo y Bertha son amigos, o amantes o novios, no sé ni me interesa tampoco, lo que sí sé es que están fuertemente unidos por un modo de ver la vida diferente a la mayoría de los jóvenes de sus países. Los dos son graduados de licenciatura en educación, se formaron en Cuba y era evidente que desde muy jovencitos ya tenían fuerte influencia del pensamiento más progresista y hasta de izquierda si se quiere, sin sombra de ningún extremismo que lacerara su propia visión, sino una simbiosis de confluencias humanísticas que tenían que ver más con su tiempo histórico.

Los dos, una vez graduados, regresaron a sus respectivos países, Colombia y Honduras, a desarrollar sus  proyectos personales, pero sus caminos, atraídos como por un imán y no por la inercia, se verían unidos ineludiblemente, más aún cuando mataron a la mamá de Bertha, un asesinato político con todos los tintes de ser un ajuste de cuentas de las mafias despiadadas que pululan por todo el mundo y que mantienen su poder hegemónico por la virtud de la fuerza bruta.

No hay belleza en el poder que tiene que matar para escarmentar y vilipendiar y sí mucha fealdad que humilla y lacera el sentido que debiera tener la vida en cualquier rincón de este mundo cada vez más pequeño.

Los hombres y mujeres que han detentado el poder en algún momento casi siempre han matado para justificar sus credos o para sustentarse en su sitial, siempre controlando a las masas inermes bajo el yugo del miedo, que es la columna vertebral de su doctrina de silencio.

A muchos los matan físicamente, como a la madre de Bertha, que molestaba demasiado en los campos de Honduras como para justificar dejarla sin voz, porque voto no tuvo nunca, y a otros los matan psicológicamente, que es la manera más tétrica, dolorosa y eficiente del control político; por cuanto les quita el alma a las personas y los convierte en miserables que visten, calzan, comen y se ríen, pero son cascarones de carne y hueso esclavizados sin misericordia.

Mientras que muchos jóvenes solo filosofan sobre la nada, aquellas cosas baladíes que les está sucediendo a un porciento ridículo de la humanidad y que está permanentemente expuesto en las vitrinas de las revistas y los reality shows más seguidos, en tanto no tienen, tan siquiera, perspectiva mínima para ellos; hay otros, como Camilo y Bertha, y su hermana, que estudia en una universidad argentina porque en Honduras temía por su vida; que sí les importa lo que les sucede a los demás y obran para que, por lo menos, se conozca en el mundo esa realidad oculta, esa tragedia humana muy bien adornada de lentejuelas para que no se vea, que retrata la vida de muchos sectores de nuestros pueblos de América, convocando a la justicia entre tanto.

De poderes fácticos y sus políticas de dominio hay ejemplos por doquier en nuestra América toda, a los que les importa un bledo lo que les suceda a millones de seres humanos con tal de cumplir con sus objetivos ideológicos o económicos, o los dos, contando para ello con verdaderas máquinas represivas y opresivas, -policías, mafias, políticos corruptos, magistrados y miserables de toda laya- que siguen haciendo en cada momento y lugar lo imprescindible para que el statu quo sea inalterable.

Desde que los procesos independentistas se sucedieron unos tras otros hace más de doscientos años en este continente y otros, los pueblos han conquistado, a golpe del derramamiento de sangre y sacrificios enormes, muchos derechos y sus estándares de vida son innegablemente superiores a los de los pueblos iniciales, pero los sempiternos hacedores o servidores del poder, prestos más a sus intereses de clase o personales, casi siempre se han resistido por todas las vías posibles a que los pueblos abandonen su estirpe de servidumbre innata, sus culturas tribales y sus miserias humanas, para poder catalizar sus objetivos supremos: que sigan trabajando para sus potentados amos.

Y matan. No les queda más remedio que matar, física o psicológicamente, a quienes se oponen a sus designios, o a quienes quieren hacer despertar a los pueblos, verdaderos jefes de las revoluciones cuando se las inician, al decir del Apóstol de Cuba, porque no tienen mecanismos democráticos para aguantar la avalancha de los que, enardecidos, quieren pedir cuentas, aunque sea de manera desesperada e históricamente inútil, de haberlos mantenido en las cloacas sociales cuando sólo unos pocos tienen todos los privilegios y todos los derechos a gozar de la vida terrenal.

Y allí están Camilo y Martha, jóvenes que sueñan con un mundo mejor, que apostados en su lucha local porque se identifiquen y condenen a los autores materiales e intelectuales de un crimen político de Estado, -lo que es legítimo y urgente y que debiera servir de denuncia para que cualquiera que se haga llamar demócrata, civilizado, honesto y humanista no permita jamás ni en su país ni en los demás- pierden de perspectiva de que hay una lucha mayor, más trascendente que, abocados por la inmediatez, están olvidando por completo.

La América toda necesita de cientos de miles de jóvenes que se erijan en líderes de procesos democráticos nuevos, transgresores sí, pero eficientes desde todos los puntos de vista, para lo cual hay que configurar una nueva concepción de lucha, inteligente, vanguardista, popular, auténtica en sus valores éticos y que esté divorciada de todo lo conocido hasta el presente: desde la derecha más clásica, aburrida y exclusiva, hasta la izquierda menos innovadora, lerda y falsamente inclusiva.

Ubicándose en luchas locales, por muy justicieras que sean, no van a conseguir mucho –aunque lo consigan todo- en medio de peligros como el desgaste de sus fuerzas movilizadoras y la enorme probabilidad de ser víctimas de otros crímenes políticos pagando con sus propias vidas, cuando lo esencial es que aprovechen sus enormes talentos en cultivarse y acendrase como líderes a mediano plazo para hacer una obra mayor en bien de sus naciones y pueblos de Nuestra América.

Crear un mundo nuevo donde las miserias humanas más primitivas den paso a un humanismo consecuente, donde los políticos dejen de ser meros intermediarios del verdadero poder y una lacra corruptora, para ser líderes verdaderos de los pueblos y guías de procesos genuinamente democráticos, representativos y participativos de todos,  y donde los sumideros de estúpidos que se extienden cual la invasión de los ultracuerpos por todos lados dejen de ser los abanderados silenciosos de la humanidad; sería la misión más precisa para estos jóvenes-

Esto no impediría un enfrentamiento con el sistema establecido, donde son mayoría las personas amaestradas por la sociedad prevaleciente y menos que puedan ser asesinados en cualquier momento por las hordas de matones y desquiciados que hay regados por todos lados; pero por lo menos le daría un sentido más completo a su enorme lucha.

En tanto, los demás cruzaremos los dedos para que estos jóvenes no sean prendados por las mieles del poder algún día y como tantos otros en diferentes países de Nuestra América, no les rindan pleitesía a ideologías, grupos sociales y castas políticas que en nombre de los mejores propósitos han gobernado con mano dura o guante de terciopelo, a sus pueblos súbditos.

William Luna Castro

Profesor de ética e ideario de José Martí e historia de la Universidad José Martí de Sancti Spíritus; presidente de la Cátedra Honorífica Che Guevara y presidente de la Unhic en la propia institución

Williamluncast/William Luncast/William Luna Castro/Guillermo Luna Castro/Paripé/Unión de historiadores de Cuba –Unhic-/Universidad José Martí de Sancti Spíritus –Unisshttp://williamluncas.blogspot.es/, https://williamluncast.wordpress.com/

 

Lunes 16 de enero de 2017, 11:00 pm

 

 

 

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